Las personalidades homeopáticas - Vivo Sano

Las personalidades homeopáticas

Vivimos un momento histórico en la evolución de la sociedad y en el despertar del hombre. Hemos pasado de la supervivencia básica al desarrollo de capacidades superiores, incluyendo tanto el nivel cognitivo como el emocional y el espiritual.

Salvo en sociedades en vías de desarrollo con niveles todavía altos de pobreza, la población disfruta de un estado de bienestar en el que la lucha por asegurar la vida y la procreación han quedado atrás. En las últimas décadas nos hemos adentrado en la era digital. La tecnología al alcance del pueblo. La era del conocimiento. No hay excusas para no estar informados. Hemos vencido obstáculos como el tiempo-espacio, consiguiendo incluso contactar con personas al otro lado del mundo de forma instantánea, tenemos acceso a la información más remota a golpe de dedo. Pero esto a veces no es suficiente para ser felices. Es necesaria también una transformación a nivel emocional. En los últimos años estamos viendo un movimiento entorno al desarrollo personal. El viaje hacia el autoconocimiento es inevitable en la evolución natural del ser humano.

Es importante un desarrollo emocional paralelo, que permita experimentar una vida plena. Tener una sociedad en la que los individuos sean capaces de dedicarse a lo que aman y amen aquello a lo que se dedican. Necesitamos entendernos, estar en contacto con nuestras emociones, vivir con consciencia y sabiduría para sacar el máximo potencial a nuestros talentos. Este proceso de transformación suele acompañarse de un crecimiento espiritual, necesario para el desarrollo personal pleno, que aporta una escala de valores universales y ofrece una explicación profunda al sentido vital.

La transformación y el despertar de la sociedad deben ir acompañados de sistemas adecuados a ese cambio. El cambio de paradigma debe ser universal.

“LA MEDICINA DEBE EVOLUCIONAR PARA NO QUEDARSE OBSOLETA Y RESPONDER A LAS NECESIDADES ACTUALES”

La integración de los estados evolutivos ha de estar presente en nuestro crecimiento personal, pero también en los medios que nos rodean, en los métodos educativos, en los proyectos empresariales y en los sistemas de salud.

La medicina debe evolucionar para no quedarse obsoleta y responder a las necesidades actuales. Para un buen abordaje es importante integrar todos los conocimientos, métodos diagnósticos y terapias conocidas hasta la fecha para afrontar cada uno de los planos que contribuyen al estado de enfermedad (físico, mental, emocional y espiritual). Y potenciar sistemas de salud. La naturaleza es sabia. Debemos encontrar sistemas que potencien la capacidad del propio organismo hacia el reequilibrio cuando éste se ha alterado. De esta forma, podremos conseguir una curación más profunda basada no sólo en la eliminación de síntomas.

Estamos hablando de una medicina integrativa, en la que pongamos a disposición del paciente todas las herramientas necesarias para ayudarle en su proceso patológico. La medicina integrativa utiliza los conocimientos de la medicina convencional y de las complementarias dando recursos a los pacientes para recuperar la salud en unos casos, en otros aliviar, mientras se les acompaña de una forma respetuosa e incondicional durante su proceso vital, adaptando el tratamiento a la respuesta y las necesidades individuales de cada persona.

Una de las mejores herramientas con las que cuenta la medicina integrativa es la homeopatía. Tiene como objetivo fortalecer las propias defensas del cuerpo y el correcto funcionamiento del organismo. Su objetivo es aliviar el sufrimiento físico, mental y emocional de las personas y, a la vez, favorecer sus propios procesos de curación.

La homeopatía tiene en cuenta las diferentes personalidades, las características propias de cada individuo y las distintas formas de enfermar. Denominamos “tipo sensible” a los rasgos de la personalidad que van a hacer a un paciente más sensible a un medicamento u otro, según aparezcan más similitudes en su morfología, comportamiento y tendencias patológicas. Lo que nos permitirá afinar más con el medicamento específico para cada individuo, pudiendo, así, ajustar mejor el tratamiento, pues se suele reaccionar de una forma más precisa al medicamento.

“LA HOMEOPATÍA TIENE EN CUENTA LAS DIFERENTES PERSONALIDADES, LAS CARACTERÍSTICAS PROPIAS DE CADA INDIVIDUO Y LAS DISTINTAS FORMAS DE ENFERMAR”

Por lo tanto, se necesitan dosis menores y, además, se tiene una orientación más aproximada sobre su pronóstico. La morfología y el comportamiento no son más que descripciones de características comunes a los sujetos que responden bien a un determinado medicamento. Éstas no son suficientes por sí solas para una prescripción, pero dan información adicional para plantear un tratamiento determinado. Es de gran utilidad tener una herramienta terapéutica que tenga en cuenta las diferencias interpersonales, las distintas capacidades reactivas, los aspectos emocionales e incluso el carácter de cada persona.


La morfología nos da una idea de la constitución del paciente. Podemos clasificarlos en longilíneos (altos y delgados) o brevilíneos (gruesos y de talla baja), tendentes a la simetría y con rasgos armónicos o, por el contrario, con dismorfias y asimetrías, con rasgos específicos según el color de pelo y de los ojos, el aspecto de la piel o la distribución de la grasa corporal.

Según algunos autores, personas con morfologías similares presentan con frecuencia enfermedades similares. Esto orienta, de una forma objetiva, la elección de un grupo determinado de medicamentos. Por ejemplo, el Lycopodium suele corresponder con personas delgadas, de tez amarillenta, poco musculados y de rostro envejecido. La Thuya corresponde más a personas gruesas, con retraso de la pubertad, infiltración de los tejidos con acumulación de líquidos. O la Pulsatilla a personas con la tez y los ojos claros y una mirada dulce y amorosa.

El comportamiento se refiere al carácter específico y a las reacciones ante factores estresantes. Tiene en cuenta tanto las características propias de la personalidad, como el comportamiento general que aparece ante la enfermedad. Pongamos algunos ejemplos:

Las tendencias patológicas dependen de la predisposición del paciente a padecer ciertos síntomas localizados en un determinado aparato según tenga más fragilidad en ese sistema, de forma orgánica o incluso funcional. Es interesante cómo ciertas personas tienen mayor facilidad para desarrollar un tipo de enfermedades. Algunos tienen más síntomas respiratorios, otros digestivos o cutáneos… Hay pacientes que nunca enferman del aparato respiratorio, pero a nivel digestivo presentan síntomas intermitentemente.

O, por el contrario, su punto débil son los bronquios y padecen episodios repetitivos de asma o bronquitis. O el problema lo tienen a nivel metabólico o cardiovascular. Se orientarán a la elección del medicamento según la similitud con los síntomas provocados por esa sustancia en un individuo sano, que es a lo que llamamos patogenesia, y que, unido a los de otros medicamentos, constituyen la denominada Materia Médica Homeopática. Por poner un ejemplo, tenemos los pacientes con tendencia a los espasmos, característicos de la Ignatia y Nux Vomica; o a la congestión y estasis venoso de la Pulsatilla. Otros con afectación neuroendocrina y vascular, típicas de Lachesis. O con tendencia a la dispepsia, uricemia y litiasis, característicos de Lycopodium.

“LA HOMEOPATÍA INDIVIDUALIZA AL PACIENTE TANTO POR SUS CARACTERÍSTICAS PARTICULARES COMO POR SU FORMA DE ENFERMAR”

Es decir, la homeopatía individualiza hasta tal punto que valora no sólo las características predeterminadas del individuo en estado de salud, sino también su forma de enfermar. Además, no todos los pacientes sufren de la misma forma patologías similares, hay quienes lo viven con más angustia, apareciendo cuadros de gran expresividad con agitación, irritabilidad, cólera, fiebres altas, temblores, delirios… Y otros que apenas presentan sintomatología hasta que la patología está muy avanzada y aparecen cuadros de deterioro grave.

La homeopatía también tiene en cuenta la capacidad reactiva a los medicamentos, e incluso la periodicidad de aparición de episodios patológicos y su recuperación posterior. Algunas personas se recuperan perfectamente de sus síntomas en un corto período de tiempo, volviendo a su estado basal sin más repercusión; otros, sin embargo, tienen períodos más largos de convalecencia, les cuesta recuperarse del todo, aunque el episodio agudo haya finalizado, con una tos que no termina de limpiar, un ritmo intestinal que tarda en volver a la normalidad, una sensación de fatiga y agotamiento que perduran en el tiempo, etc.

En este sentido, hablamos de los “modos reaccionales”. Es lo que llamamos “terreno homeopático”. Gracias a este concepto, podemos tener una valoración más ajustada de la situación clínica ante la que nos encontramos, previendo la capacidad reactiva y el posible pronóstico, y ajustando aún más la elección del medicamento adecuado.

Existen tres modos reaccionales principales: psórico, sicótico y psorotuberculínico.

En el primero, las patologías son puntuales, con recuperación total entre los episodios y tiempos largos libres de enfermedad (es el caso de los herpes labiales, candidiasis vaginales, migrañas periódicas…).

En el segundo, los episodios son más frecuentes y de menor duración en el tiempo; es decir, cortos pero repetitivos, y alternados con otras manifestaciones de diferentes aparatos; por ejemplo, las bronquiolitis de repetición intercaladas con episodios de dermatitis atópica y otitis seromucosas.

El tercer modo reaccional es aquel en el que las patologías parecen instaurarse en el organismo de forma progresiva y permanente, de una forma lenta e insidiosa, con la sensación por parte de los pacientes de que siempre están enfermos y que nunca van a curarse, cayendo habitualmente en un estado depresivo y de pesimismo secundario a la cronicidad de sus trastornos. Es el caso de muchas enfermedades autoinmunes en estadios avanzados como la artritis reumatoide, lupus sistémico, endometriosis, poliposis sinusal, hipertrofia prostática o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, entre otras.

Así pues, la homeopatía ofrece un sistema terapéutico holístico que trata todos los niveles (cuerpo-mente-espíritu) de una forma integral. El viaje hacia el autoconocimiento conlleva un profundo cambio de actitud ante la vida y ante la forma en que nos relacionamos con ella. Por eso la homeopatía empieza a ser una terapia de primera elección en aquellas personas que buscan sistemas de salud que concuerden con su forma integral de entender la vida y que ofrezcan tratamientos individualizados, respetuosos con su organismo y donde poder tomar un papel activo en la recuperación de su salud de forma consciente y responsable.

Dra. Camino Díaz Díez. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Medicina de Familia y Medicina Integrativa.