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Don José Ruiz, un nagual tolteca

Don José Ruiz, un nagual tolteca

Por Raúl de la Rosa

Desde hace miles de años los toltecas han sido reconocidos como hombres y mujeres de conocimiento. Don José Ruiz, al igual que su padre Don Miguel Ruiz, es un nagual del linaje de los guerreros del águila.

¿Cuál es la base de la filosofía tolteca?

La palabra tolteca significa “artista del espíritu”. Estamos aquí para crear. Nos damos cuenta que nuestra mente viene del infinito, y que ella misma se crea y en ese momento creamos la magia de crear.

¿En qué se diferencia la tradición tolteca de otras tradiciones espirituales?

No son muy diferentes, todas son hermanas, todas provienen del corazón. Los rituales vienen del corazón, para servir a los patrones que nos dieron la vida.

¿Qué significa ser un guerrero en la tradición tolteca? ¿Y qué disciplina debe seguir?

El término “guerrero” viene de una actitud dentro de nosotros mismos, del conflicto entre verdad y mentira, porque las mentiras, si les damos poder, nos comen vivos, crean un parásito, un ser vivo. Pero cuando uno despierta se dice que no puede volver a dormir, y ahí comienza la tradición del guerrero de liberarnos a nosotros mismos.

¿Qué tipo de disciplina debería seguir alguien que quiera introducirse en ese camino?

Honestidad, disciplina y la acción de estar completamente al servicio de la vida, que somos nosotros mismos. De ahí nos damos cuenta de que estamos aquí en la vida para cuidarnos, para ser felices y no sufrir, porque estamos presentes. Entonces nuestro servicio es como los ángeles en el cielo. Los toltecas creemos que nosotros despertamos en la conciencia y que nuestro cuerpo es el cielo, entonces nos viene el sentido del alma, del espíritu, que es la fuerza que mueve todo lo que está vivo, y nosotros estamos hechos a la vida.

He podido comprobar que en la tradición tolteca se usa lo que llamáis la magia blanca. ¿Qué significa para vosotros?

Sí, la magia blanca la describimos como el poder de la palabra, que es la magia del espíritu, que te da fuerza de voluntad. Con la palabra puedes crear energía negativa o energía positiva, y la magia blanca es la que da la fuerza de voluntad y la fortaleza del espíritu. Y eso es lo que compartes, esa energía que da la motivación a las personas. Este procedimiento no es nuevo, es algo que todos sabemos. De siempre se sabe que cuando la integridad despierta, sale el sol y aparece la luz.

¿Puedes ponernos algún ejemplo práctico para usar correctamente la magia blanca?

Hay magia blanca o magia positiva, y magia negativa: no puedo hacer esto, no puedo ser feliz, nadie me quiere… Cuando eso sucede, usamos nuestra magia blanca, nuestra magia positiva, y somos escépticos, no creemos en esa negatividad que estamos creando, y no debemos dar fuerza a esa creencia, que, si no, nace y se fortalece. Es la impecabilidad de la palabra, porque la palabra se convierte en magia. En estos casos hablamos del camino a la espiritualidad, de sanar el corazón, y nadie lo puede hacer más que nosotros mismos. Despertamos a nuestra propia magia blanca, a la propia conciencia de nuestras palabras y volvemos a sentir el amor en nuestras vidas.

En su tradición hablan bastante del miedo y de cómo ata a las personas. ¿Hay alguna forma de liberarse del miedo?

El miedo nunca se puede liberar del todo, ya que es un sentido que nos enseña, porque el miedo nos enseña a ser valientes. Y llega un momento en que el cuerpo siente miedo, pero nuestra mentalidad va más allá del miedo, porque está al servicio, como los ángeles lo están del cielo, del cuerpo humano y del corazón.

¿Qué aspectos de vuestras prácticas crees que son más importante para conseguir lo que en realidad todo el mundo busca: felicidad, paz y armonía interior?

En la tradición tolteca sabemos una cosa, que no hay nada que aprender, que ya la vida nos da muchas enseñanzas, sino que hay que desaprender todo lo que nos quita la inspiración de vivir en cada momento felices. En la tradición tolteca sabemos que la primera regla de la felicidad es que no estamos contentos todo el tiempo. Hay momentos que son difíciles, pero cuando nos damos cuenta de eso podemos poner nuestro granito de arena, que empieza a expandirse por todas partes, y se produce la sanación.

¿Qué debería hacer una persona para lograr el equilibrio personal, emocional, mental e incluso social, y lograr que la sociedad sea más justa y mejor?

La primera acción es precisamente eso, tomar acción, y realmente saber qué nos hace felices y qué no nos hace felices. Apóyate a ti mismo con lo que te hace feliz, con lo que abre tu corazón. Porque cuando se abre el corazón, uno puede identificar qué le hace feliz y qué no le hace feliz. La honestidad es algo muy poderoso. A veces decimos que es muy complicado porque no podemos cambiar, pero la mañana que despertamos y sabemos cuál es nuestro camino se va a hacer fácil porque estamos completamente aliados con nosotros mismos. La honestidad es lo más importante, la honestidad y la disciplina, y no mantener ese viejo sueño que hemos soportado todas nuestras vidas de no ser felices. Y llega el momento de dejar todo eso, porque un día despertamos y nos damos cuenta de que somos adictos a esa manera de vivir, adictos al sufrimiento. Entonces, la curación de ser adictos al sufrimiento es entregarte realmente, con toda honestidad, y ver qué problemas tienes, a qué le damos poder, a quiénes dejamos que nos maltraten… porque cada vez que permitimos eso nos faltamos al respeto a nosotros mismos. Hemos plantado una semilla, y cuando esa semilla se planta crece con nuestra presencia, porque nuestra presencia es mágica.

¿Crees que la sociedad actual podría mejorar siguiendo la filosofía tolteca?

Sí, claro, estoy muy de acuerdo en que puede cambiar, en las familias, en las escuelas o en el trabajo. Siempre van a existir problemas en el mundo, siempre va a existir egoísmo, negatividad, pero nosotros estamos en nuestras casas, estamos felices en nuestro mundo y con lo que compartimos con nuestros seres queridos. Como decía mi abuelo, que ya no está vivo, pero sus palabras siguen vivas porque siguen en este mundo: tienes que cuidar al amor de tu vida, disfrutar el regalo que te dio del señor, el patrón que te dio la vida, éste es el regalo que te dio y tú puedes dar a los necesitados esas semillas. La espiritualidad no es religión, es algo del corazón, buscamos la espiritualidad en nosotros mismos. Todas las religiones y todas las culturas están diciendo exactamente lo mismo, aunque con diferentes palabras, pero el acto para ahorrar el sufrimiento es igual: hay que parar la adicción al sufrimiento, y para parar el sufrimiento tenemos que abrir los ojos. Ya no podemos dormir, no podemos ser vagos, nuestra conciencia ha despertado, y cuando te das cuenta de que tu conciencia ha despertado ya no puedes ir en contra de ella, ya no puedes engañarte, ya no puedes mentir, ya puedes decir: ahora voy a ayudar a otra gente, porque ya tienes lo que necesitas, ya no puedes renunciar a ayudar porque esa gente te necesita. Ya sabemos por qué pasamos por el sufrimiento, por qué pasamos por todo esto en nuestra vida, es para poder ayudar a otra gente; esta es la llama que sigue encendida, pero no sólo en el pasado, sino también en el futuro.

¿Cómo diferenciar lo que «está bien» y lo que «está mal» en una sociedad en la que esa línea es muchas veces confusa?

He estado muchas veces con esto, pero un día desperté, abrí un libro y vi un párrafo de Abraham Lincoln que decía: Si hago bien, me siento bien; y si hago mal, me siento mal. Esa es mi religión. Una frase sencilla, simple, y cuando vi eso entendí que muchas veces queremos hacerlo todo complicado, porque no quiero hacer algo sencillo, porque no quiero cambiar. Pero en el momento en que quiero cambiar entiendo esas palabras, y no hablo de religiones sino de sentido común, y todos los seres humanos tenemos sentido común y podemos entenderlo. Se trata de respeto.

Muchas veces las personas al tratar de percibir su propia realidad están limitadas por el ego. ¿Tenéis algún tipo de práctica para enfrentarse al ego o para tratar de entenderlo?

Sí, la máscara nunca nos va a hacer felices. La máscara la usamos para complacer a otra gente. Cuando sigues a tu nagual, y tu nagual es tu corazón, entonces empiezas a respetar y a ser respetado como maestro o como aprendiz, y te das cuenta que tu conciencia ha despertado a un punto donde todos están soñando con el ego, soñando si tengo los mejores coches, todo el dinero del mundo, el poder o parejas; tengo todo eso que la sociedad quiere, pero no es cierto, mucha gente lo ha probado y tiene todo el dinero que uno puede desear y no es feliz. Solamente tenemos una vida que vivir, y si vivimos de esa manera en que un matrimonio es negativo, debemos decirles algo a ellos, sabes qué, si realmente quieres a esa persona, no le pongas cadenas, no le controles, sino deja que sea libre, porque así nos encerramos a nosotros mismos. El ego es lo que destruye el planeta. La verdad es que no sabemos amar, amar con condiciones, con cadenas y llega un momento en que despertamos y sentimos la muerte de cerca. Cuando uno tiene la experiencia de muerte, despierta con su conciencia liberada, iluminada. Tenemos poco tiempo de vivir, y no podemos vivirlo con la máscara, cogidos por el ego, no; podemos ser auténticos. Lo que es difícil es pretender, y pretender nos llega a depresión, nos lleva a muchos caminos que no son buenos, pero esa fuerza de voluntad de quitarse la máscara y decir: gracias, mascarita, por todo, por los buenos momentos y por los malos, porque gracias a ti me ha llegado este momento, pero ya no te necesito. Y en ese momento puedes ser libre. La intención no llega todos los días, pero la voluntad siempre será más fuerte cada vez que pasemos esa tentación.

¿Qué puede hacer un habitante del estresado mundo moderno para encontrar su lugar, para encontrar su camino interior?

Como dije anteriormente: honestidad. Lo que a uno le gusta hacer, cuál es la vida que a uno le gusta vivir, porque en todas partes está la verdad, y una vez despierta piense en qué le hace feliz, y qué hacemos para convencernos de no hacer eso. Es como cuando uno se enamora, olvida muchas cosas, pero imagínate enamorarse, enamorarnos, enamorar, sin estar enamorados de nosotros mismos. La actitud es estar vivo, eso es algo muy bello que la gente olvidó, ya que siempre está con el tiempo, con las computadoras, siempre está más distanciado de sí mismo, y hemos olvidado los principios de ser humano, y es tener el corazón abierto.

¿Cuáles son los acuerdos fundamentales de su filosofía? ¿Y por qué?

Lo fundamental para mí siempre tiene que ver con la palabra. La palabra es la voz del narrador que está contando la historia, la historia del sufrimiento, de la víctima, del pobre yo, pero cuando ya no estamos en un personaje, entonces la palabra tiene mucha magia y como dice la Biblia, lo primero fue la palabra, la creación de Dios. Con la palabra le quitamos la corrupción al corazón, rompemos el ego y nace el águila que va a volar libre, y va volar libre porque nuestros pensamientos están libres, porque ya no van a estar atados; entonces la palabra es hablar con el corazón, y cuando hablamos con el corazón nosotros mismos escuchamos. Es algo mágico, pero lo mágico está aquí cuando empezamos a practicar con la palabra y empezamos a pensar impecablemente, y cuando empezamos a pensar impecablemente el espíritu de ese pensamiento ya está creado, y como decía mi abuelito: si hablas y sabes que dijiste algo que no debías decir, cierra la boca. Entonces entramos en el conocimiento del silencio y uno empieza a valorar el poder de las palabras.

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