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Organismos, individuos, empresas y evolución

Porque de la empresa de la vida todos somos socios y de la familia humana todos somos parte, y para que la aventura de ser uno mismo no se convierta en la lucha contra otros, la fraternidad ha de estar por encima de toda meta.

Cuando hace 750 millones de años, aproximadamente 3.000 millones después del big bang, los organismos unicelulares empezaron a formar comunidades, sucedieron algunos pocos eventos, que hoy en día aún son válidos para cualquier empresa en cuanto son el soporte de la evolución de las especies y no solo de la vida y de la conciencia.
   
organismos  e individuos
   
Lo primero que sucedió fue que estos empedernidos solitarios (2.500 millones de años yendo cada cual a su aire) compartieron su “conciencia”, su código genético; es decir, pusieron sus cartas sobre la mesa en ese caldo primitivo, y adoptaron la transparencia como estrategia.

Después de muchos diálogos genéticos en torno a lo esencial, la manera de ser traducida en el código genético y evidenciada a través de las membranas, se revelaba como sensibilidad y se manifestaba a través de estas membranas; así empezó la comunicación con otros, con el común denominador de compartir la condición de la vida en solitario en un vasto océano. No partió de una necesidad ni una dependencia de los individuos, no fue un asunto de favores, ni hubo un sometimiento a otra cosa distinta de un propósito que los trascendía; así se entregaron a la aventura de llegar a ser algo más que solitarios organismos unicelulares. Esto era, ni más ni menos, que consciencia consciente, un ser humano.

La odisea de la comunicación, que se tomó 2.000 millones de años, que permitió compartir de verdad, de corazón (de genoma en ese tiempo), fue el comienzo del fin, de la finalidad. Hasta ahí, toda una epopeya, pero lo que sigue, es aún una epopeya mayor.

Fue así como los primeros organismos, formados por complejos de células primordiales, para poder compartir sin dejar de ser en esencia lo que eran, sin atacarse, sin defenderse, renunciaron a muchos de sus puntos de vista individuales y adoptaron el respeto por los que privilegiaban la comunidad —el bien mayor— ante todo. Este fue el cimiento de las sociedades, el primer estatuto de una sociedad.
   
evolución de los individuos
   
Solo así, y seguramente después de muchos intentos en los que lo individual llevó al fracaso florecientes sociedades, aprendieron a trabajar colectivamente y a partir de ahí, en lo que equivale a un día de un año de trabajo colectivo, apareció por derecho el hombre en la tierra, habitante cósmico por naturaleza. Así se dieron los primeros pasos de esta gran empresa: la evolución.

Como individuos, como grupos humanos, no somos ni más ni menos que agentes de la evolución de la conciencia. Hace mucho (750 millones de años), los individuos dejamos de tener como individuos significancia sobre la totalidad; si tenemos alguna, es por estar dispuestos y por ser capaces de adoptar y decidir individualmente, a la manera de ser de cada cual, el propósito de la comunidad de la cual somos parte.

La dificultad o el fracaso en la viabilidad de un órgano, de una comunidad, de una sociedad, de la humanidad, es creer lo contrario y pretender que alguna empresa o nuestra vida funcionan al margen de las leyes de la vida. Nada puede estarlo sin que vaya en contravía de la tendencia que está señalada desde el comienzo de los tiempos, evidente en la historia de la biología. Nada está al margen de este destino, no hay trinchera para la trivialización o evasión de los principios que sustentan este proceso evolutivo.
   
individuos y empresas
   
En cualquier empresa puede ser que funcionen los estatutos de viabilidad económica, técnica, contractual; pero si no funcionan los de la vida ¿para qué? Si no nos sentimos en alguna (familia, etnia, grupo, país, filosofía, grupo económico, etc.) parte de la empresa de la vida, la quiebra de los valores será el resultado (económicos, éticos, culturales, anímicos, humanos).

Al final, la viabilidad o el fracaso de una empresa, con un sentido humano, social o económico, depende más que de planeación, ejecución, mercadeo, presupuesto, acuerdos, contratos, transacciones, del grado de consciencia y compromiso con los estatutos de la vida.
   
Autor: Luz Ángela Carvajal Posada

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