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Manos para todos: El símbolo de las manos

De la mano del hombre se construyen y se destruyen culturas, se siembra, se crea, se maldice, se bendice. Con la mano saludamos (damos salud), acariciamos o golpeamos. De la destreza de la mano surge el arte, la escritura, la pintura o la artesanía. Damos la mano, pedimos la mano, juntamos las manos en oración, hablamos con las manos.

Exteriorización del cerebro y el corazón: en las manos se unen las corrientes evolutivas de la inteligencia y el amor.

   

   
Decía Kant que la mano es “el cerebro exterior del hombre”. Y tanto por su representación en la corteza cerebral, como por su capacidad para exteriorizar un caudal de pensamientos y sentimientos en los más finos movimientos, la mano es el mejor instrumento del cerebro. Mano y cerebro representan así dos aspectos complementarios de la unidad sistémica del ser humano. El gobierno del sistema nervioso central planea y legisla, las manos ejecutan y retroalimentan con su acción a ese poder legislador al interior.

Las manos son el agente del creador que en cada uno vive, una alquimia de cabeza y corazón que permite la unidad del intelecto y el amor. Las manos son como alas del pensamiento que recrean el vuelo interno del creador que escribe, esculpe o pinta. El corazón se expande cuando el sentimiento del amor ilumina la sonrisa y el amor brota en la caricia. Con las manos aramos la tierra, sembramos las semillas, construimos civilizaciones, cultivamos culturas y cosechamos los frutos de la vida. Nuestras manos son intérpretes del espíritu, mensajeras del corazón y el camino por el cual las ideas y las imágenes se precipitan en la acción.
   
A lo largo de la historia, las manos consagraron reyes, sacerdotes, o nobles caballeros. Las manos de sanadores y chamanes fueron radares para detectar enfermedades y emitir el fluido invisible de la energía vital. Entre los celtas la mano tenía un poder mágico, siendo la mano derecha la dispensadora del poder benéfico y la izquierda, de un poder maléfico o "siniestro". En la tradición religiosa del pueblo hebreo la mano derecha es la que bendice y representa la autoridad sacerdotal; iad en hebreo significa tanto “mano” como “potencia”. La mano izquierda de Dios significa justicia, la derecha misericordia. En el taoísmo la mano derecha corresponde a la acción, la izquierda a la sabiduría. Y los nuevos ministros de la iglesia con las manos juntas entre las de su obispo se consagran a Dios.



   
También la mano ha sido ligada a un simbolismo que se encuentra sedimentado en el inconsciente colectivo. Para la cábala, las manos unidas representan el número diez que simboliza la unidad. Como si una corriente de conciencia diferente fluyera desde el lago de la mano a los ríos de los dedos, cada uno de estos afluentes tiene distintos simbolismos: el símbolo del compromiso matrimonial son las argollas que van en el dedo anular izquierdo. Para algunas tradiciones el dedo medio o cordal se asocia al corazón. El pulgar se ha asociado a la cabeza. Pulgarcito simboliza en el cuento popular la astucia y la inteligencia. Entre los romanos, la posición del pulgar indicaba la condena, la muerte o el derecho a vivir del gladiador.

Esta visión mítica de la mano se complementa con la aproximación de la quiromancia, adivinación por la mano, y la quirología, que asocia el estudio de la mano al biotipo y el carácter. En la medicina tradicional hindú, el médico emplea en el diagnóstico la observación cuidadosa de la mano.

El estudio clínico de la mano
Todas estas descripciones se correlacionan con la semiología médica occidental.

Frederic Wood Jones, profesor de Anatomía de la Universidad de Manchester, publicó en 1919 “Los principios de la anatomía reconocible en la mano”, y fue uno de los primeros autores en proponer una relación entre la mano, la corteza cerebral y el resto del organismo. La mano es tan versátil como el cerebro que la controla. Las representaciones de la mano sobre la corteza motora representan alrededor de una tercera parte del total de representaciones motoras. En su proceso evolutivo la especie humana ha adquirido la capacidad creciente de oponer el pulgar a los otros dedos, lo cual se halla en relación con el grado de destreza del individuo.


Existe así mismo una relación estrecha entre las emociones registradas por el sistema nervioso central y la reactividad neurovascular de las manos, revelada en cambios térmicos, palidez o enrojecimiento y patrones de actividad de las glándulas sudoríparas, así como en la resistencia eléctrica cutánea. El masaje zonal de la mano descrito por Fitzgerald se fundamenta en hallazgos empíricos que demuestran la correspondencia refleja entre las diferentes zonas de la mano y diferentes órganos y funciones del cuerpo. Existe una gran similitud entre las zonas descritas para los reflejos del pie y las de la mano.

   
Fitzgerald refinó su sistema de masajes especialmente en las manos, diseñando ciertos utensilios para potenciar la presión manual. Las pinzas de ropa aplicadas en las puntas de los dedos son un medio eficaz para atenuar las odontalgias y coadyuvar durante el tratamiento odontológico. Fitzgerald menciona numerosos casos de curación con el masaje de ciertos puntos de la mano, con una eficacia particular en el caso de enfermedades de ojos y oídos; no olvidemos que su especialidad era otorrinolaringología. Sostenía que los dolores oculares se alivian fácilmente oprimiendo lateral, dorsal y ventralmente el dedo índice y el mayor de ambas manos. Para las otalgias recomienda el mismo tipo de procedimiento sobre el dedo anular. El sistema de bandas elásticas colocadas por un lapso que no comprometa la irrigación puede igualmente producir buenos resultados.

   
Con peines de metal Fitzgerald presionaba las puntas de los dedos para tratar el sistema óseo, con una influencia global sobre las zonas corporales correspondientes a los dedos sometidos a presión. Se diseñaron así mismo pinzas especiales para ejercer presión sobre los dedos durante las contracciones en el trabajo de parto.

“Manos” relaciona el estudio de las manos y sus diferentes posturas, asociados a los movimientos de la energía en los centros, los meridianos, las zonas de Fitzgerald y las bandas y columnas de la sintergética. Sus técnicas sencillas y al alcance de todos nos ayudan a lograr el equilibrio energético para prevenir la enfermedad y promover la salud, lo que será el tema de nuestro próximo artículo.

Autor: Jorge Carvajal Posada

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