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Mis emociones y mi nivel de satisfacción

Como seres sociales que somos, de alguna forma tendemos siempre a buscar que las acciones que llevamos a cabo y las actividades que realizamos en nuestras vidas, tanto en el plano personal como en el profesional, nos permitan experimentar sensaciones de plenitud y felicidad.

Varios estudios académicos recientes han demostrado el papel esencial que tienen las relaciones interpersonales en la satisfacción y contento general de las personas en nuestro entorno laboral. Nada como despertarnos por las mañanas y sentir alegría al saber que al llegar a nuestro trabajo, veremos a personas cercanas y amigas.

Y cuando hablamos de felicidad, estamos hablando de emociones. Nuestras emociones dictan nuestras acciones. Cuando nos relacionamos a través de emociones positivas los resultados son siempre positivos; y ello no sólo fortalece nuestras relaciones laborales y personales, sino nuestra relación con nosotros mismos, beneficiando nuestra salud física, mental y emocional. Es decir, nuestro estado de ánimo influye de forma determinante en nuestro bienestar social general.
   
emociones
   
Lo que conocemos como “actuar con positivismo” o bien ser una “persona positiva”, no es más que conducirnos a través del conjunto de emociones positivas que como seres humanos somos capaces de sentir de manera consciente: amor, alegría, gratitud, esperanza, etc.

Este tipo de emociones nos permiten despejar y abrir nuestra mente y nuestro corazón al entendimiento de las diferencias de forma empática; nos permite trabajar en equipo y desarrollar soluciones efectivas. Las personas positivas suelen pensar en términos de conjunto (nosotros) y no desde una perspectiva individual (yo).

Vivir y sentir positivamente mejora considerablemente nuestra calidad de vida. Las emociones no están contenidas únicamente en una palabra o en una sonrisa; las encontrarás muy dentro de ti y es tu responsabilidad cultivarlas y cuidarlas para poder experimentarlas de forma real y sincera.
   
nivel de satisfacción
   
Y es que todo comienza por nosotros mismos. Las personas somos seres sociales e interdependientes. Un único individuo puede hacer que las cosas cambien; a través de mínimas acciones, por más desapercibidas que éstas puedan llegar a parecer, puede influir en su entorno y tiene el poder para transformarlo.

Aprendamos a descubrir y a ser conscientes de las cosas que verdaderamente nos hacen sentir bien y considerarlas nuestra máxima prioridad para vivir. Asimismo, al detectar cuáles son aquellas que nos perturban, debemos alejarlas de nuestras vidas con gentileza, pero también con determinación.

No subestimemos un paseo por el parque, una comida entre amigos o un partido de baloncesto, etiquetándolas como “actividades de ocio” poco productivas, sencillamente porque no forman parte de nuestra “competencia profesional” u “obligaciones laborales”. Estas actividades potencian nuestra sensación de bienestar y se traducen en acciones vitales para nuestro desarrollo y evolución personal.

En lo que respecta al ámbito laboral, invirtamos tiempo y dedicación a fortalecer las relaciones con nuestros compañeros. Si logramos que nuestro entorno laboral sea agradable, cualquier trabajo puede ser una fuente de satisfacción. Aun cuando la calidad de las relaciones interpersonales no garantiza de forma aislada el incremento de la productividad de una organización –ya sea empresarial, familiar o fraternal–, podemos afirmar que su desarrollo en positivo representa un aporte más que significativo.

Autor: Laura Martínez
Web: www.yocambioelmundo.org

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